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Las Heridas De La Infancia: Guía Del Trauma Y Su Huella

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  • Las heridas de la infancia y el trauma relacional están íntimamente relacionados, afectando al desarrollo personal y social, así como a la salud mental y corporal de una persona.
  • Los niños padecen un impacto psicológico cuando sus cuidadores no sintonizan con sus necesidades esenciales.
  • En este artículo se revisan los distintos dominios de heridas de la infancia y los esquemas mentales desadaptativos que forman. 

Resumen de contenido

Trauma y heridas de la infancia  

 

Todos tenemos alguna experiencia, que nos resulta doloroso recordar. Como si fuera un fantasma clamando por ser enterrado, el pasado emerge para cerrar heridas sin cicatriz.  Hablar de heridas de la infancia abiertas, es hablar de trauma.

El trauma es el proceso psicológico resultante tras el impacto de un acontecimiento tan intensamente estresante, que sobrepasa los mecanismos de afrontamiento de una persona. Una situación no es traumática por sus causas o características, sino por el impacto y las consecuencias que provoca. 

Un evento traumático crítico y puntual, como una agresión sexual o un accidente de tráfico, deja una huella importante en el cerebro. La  impresión fuerte y duradera por dicho impacto, puede provocar profundas alteraciones en la memoria y la personalidad. 

¿Qué es el trauma relacional?

 

Gran parte de los pacientes que acuden a terapia, no recuerdan un evento de dichas características (en muchos casos no lo hubo realmente). De hecho, algunos comparten recuerdos de una infancia normal o feliz.

Sin embargo, la «lupa» del proceso terapéutico, permite indagar más a fondo otras experiencias vividas en el entorno familiar o social que sí dejaron profundas heridas emocionales. 

Se conoce como trauma relacional, al efecto psicológico a largo plazo como resultado de determinadas experiencias negativas dentro de las relaciones interpersonales. Este tipo de traumas de la infancia han recibido diferentes nombres, como acumulativo, complejo, de Tipo II, o de t minúscula.

 

Existen estresores crónicos, prolongados y repetidos en el tiempo, que son causados por personas del entorno familiar o social. En muchos casos, no ocurren de forma deliberada o intencional. No son percibidos como traumáticos porque, aunque son estresantes no son tan abrumadores, y se han normalizado.

Dichas circunstancias, en etapas donde la vulnerabilidad y dependencia es mayor, se acumulan dejando una huella traumática.

El rastro de las heridas infantiles permanece en forma de esquemas mentales.

 

Los esquemas mentales son unidades básicas psicológicas y emocionales, con las cuales el cerebro organiza mentalmente la información. Los esquemas son códigos a través de los cuales organizamos y damos sentido a nuestras experiencias vitales. Un marco sobre el que comprendemos la realidad externa.  

Estas creencias operan fuera de nuestra conciencia. Sin embargo, tienen una gran influencia sobre nuestra autopercepción, y nuestras expectativas sobre la vida y las relaciones. Los esquemas son semillas precursoras de lo que se convertirá en el estilo de personalidad de la edad adulta. 

El trauma relacional desarrolla esquemas mentales desadaptativos, sesgados y moldeados por las experiencias vitales adversas.  Los rasgos disfuncionales o trastornos de la personalidad, se van formando en ese contexto.

Estas ideas tienen su origen en el psicoanálisis. Posteriormente diferentes autores y marcos teóricos han profundizado en este concepto como foco de atención en la terapia psicológica (desde la Teoría del Apego, Terapia cognitiva, Terapia de los esquemas, al Psicoanálisis Relacional contemporáneo). 

¿Qué son los esquemas tempranos desadaptativos? 

Jeffrey Young, autor de la Terapia de los Esquemas los define así, 

«una temática o patrón amplio y generalizado, compuesto por recuerdos, emociones, cogniciones y sensaciones corporales respecto a uno mismo, y a sus relaciones con los demás, desarrollado durante la infancia o la adolescencia, y elaborado a lo largo de la vida con un grado disfuncional significativo» (p. 7). 

¿Cómo se desarrollan las heridas de la infancia? 

 

Se tiende a pensar que las creencias desadaptativas aparecen debido a experiencias traumáticas. A menudo es así, pero no siempre es cierto. Los esquemas internos desadaptativos se forman cuando crónicamente, no se satisface una (o varias) de nuestras necesidades psicológicas básicas. 

Son el resultado de experiencias nocivas para el desarrollo, repetidas y acumuladas en la infancia o la adolescencia. Estas experiencias de no satisfacción, pueden ser tanto por falta o negligencia en unos casos, como por presencia o exceso de algo que es nocivo. 

A medida que un niño crece, depende en gran medida de sus cuidadores para satisfacer ciertas necesidades emocionales. Según la edad, cada necesidad adquiere un mayor protagonismo. Los vínculos donde los cuidadores no sintonizan con las necesidades adecuadamente, influyen en su desarrollo como individuos. 

Cada niño percibe y reacciona ante el entorno de forma única. Si los padres no satisfacen las necesidades de su hijo en una determinada situación, no es un indicador de que el niño vaya a desarrollar traumas o heridas de la infancia. Los rasgos de personalidad y el temperamento del niño pueden hacerle más susceptible.

¿Cuáles son nuestras cinco necesidades emocionales básicas? 

 

Las cinco necesidades emocionales o motivaciones básicas en el desarrollo son:

    • Apego Seguro (vínculos que proporcionen: sentimiento de seguridad, regulación emocional, cuidado y aceptación) 
    • Autonomía, sentido de competencia y de identidad
    • Libertad para expresar necesidades y emociones, y ser validado
    • Espontaneidad y juego
    • Límites realistas y autocontrol 

Jefrey Young y Janet Klosko han profundizado en la categorización minuciosa de heridas de la infancia en su Terapia de los Esquemas. Desde una integración teórica y de investigación, cada necesidad compone uno de los cinco grandes grupos (o dominios) de esquemas desadaptativos. Actualmente se recogen 18 esquemas desadaptativos tempranos como veremos a continuación. En este artículo reviso las heridas de la infancia desde este enfoque integrador.

 

 

Dominio I: Desconexión y rechazo 

 

El primer dominio está estrechamente relacionado con el apego inseguro. Es decir, las necesidades de seguridad básica, de mantener una estabilidad emocional, de cariño y apoyo, de aceptación y pertenencia, no fueron satisfechas por las figuras de apego (los cuidadores) durante la primera infancia. 


 A lo largo de la vida, las personas que tienen este tipo de esquema siguen creyendo que estas necesidades emocionales no serán satisfechas por otros. Carecen de la capacidad de formar vínculos seguros y estables con los demás. 
 

Los esquemas de este ámbito están asociados a experiencias infantiles traumáticas, en familias imprevisibles, abandonantes, frías, rechazantes, distantes o abusivas. Cuando son adultos, tienden a recrear sus experiencias traumáticas pasadas. En concreto, suelen elegir parejas que se parecen a las relaciones que mantuvieron con sus padres en la primera infancia. 

Hay cinco esquemas desadaptativos tempranos en el primer dominio. 

 

1.Abandono

El primer esquema se define por percibir las relaciones cercanas como inestables e imprevisibles.  Las personas que han desarrollado un esquema de abandono presentan una ansiedad crónica ante la pérdida de sus seres queridos, y miedo al abandono.

Mantienen creencias poco realistas de que sus vínculos afectivos acabarán desapareciendo. Por ejemplo, que les dejarán por alguien mejor, o porque morirán. Pueden mostrar fuertes reacciones emocionales (como ira o depresión) ante una pérdida real, o percibida como tal. 

Para evitar cualquier posible rechazo, inestabilidad y desconexión, los individuos que tienen este esquema, tienden a actuar de forma necesitada, celosa y controladora en las relaciones. Les cuesta tolerar estar solos.  

A pesar de los fuertes intentos por evitar ser abandonados por sus seres queridos, las personas con el esquema suelen elegir relaciones con alguien que no puede proporcionarles seguridad, compromiso y disponibilidad. Paradójicamente, temen el abandono pero eligen parejas que probablemente les abandonen.   

Por otra parte, otras personas con estas heridas de la infancia, pueden evitar las relaciones íntimas en general, para no sufrir al terminar estas relaciones.  Se trata de mecanismo inconsciente para protegerse del dolor, 

Frecuentemente se combina con los esquemas de: Subyugación,  Dependencia / Incompetencia o  Imperfección.

 

2.Desconfianza / Abuso

 

Este esquema se caracteriza por la creencia persistente de que uno será maltratado por los demás, de alguna forma. Una persona con el esquema de desconfianza tiende a sentir que los demás no son fiables. No son dignos de confianza, y espera lo peor. 

Se mantienen hipervigilantes ante los posibles abusos en su entorno, sean intencionados o no (egoísmo, descuido, etc.). Por ejemplo, creen que se aprovecharán, intentarán engañar o manipular. En casos más extremos, perciben que intentarán humillarles, hacerles daño o abusar de ellos. 

Por este motivo, tienden a evitar por completo la intimidad y se mantienen distantes en las relaciones. Las personas con el esquema de desconfianza no suelen compartir su mundo interior con los demás. 

Estos individuos suelen mostrarse desconfiados e incluso pueden desarrollar rasgos paranoides.

En consonancia con sus experiencias tempranas con figuras abusivas, estas personas suelen continuar el ciclo de abuso en sus relaciones adultas:  bien entran en relaciones con abusadores (rol de víctima), o bien maltratan y abusan de sus parejas (rol de abusador).

3. Privación emocional

 

 Los adultos que desarrollaron el esquema de privación emocional en una etapa temprana, tienden a ignorar sus necesidades emocionales. Creen que no son importantes, o que las personas fuertes e independientes no tienen esas necesidades. 

Suelen presentar depresión, tristeza y soledad crónica, y tienden a desarrollar trastornos psicosomáticos (condiciones médicas de origen psicológico). Sin embargo, a menudo no se dan cuenta de que detrás de estos síntomas hay un problema, o no pueden averiguar por qué se sienten así. 

El esquema de privación emocional se desarrolla cuando las necesidades de amor, comprensión y orientación no son satisfechas por otras personas significativas. 

Podemos diferenciar tres formas de privación emocional: 

  •     Falta de afecto y cariño: carecer de cuidados, proximidad física y atención. 
  •     Falta de empatía: no sentirse comprendido ni escuchado por los demás. 
  •     Falta de orientación y protección: ausencia de alguien en quien confiar y recibir apoyo. 

Actúan como si no tuvieran necesidades emocionales. Un comportamiento común es evitar hablar de sí mismos, o actuar como si fueran más duros de lo que realmente son.

Las personas con este esquema tienden a sentirse solas o vacías. Se relacionan de forma distante y fría. No esperan que nadie pueda satisfacer sus necesidades emocionales ni tampoco que se les apoye o comprenda.

Leer más sobre el vacío emocional.

 

4.Imperfección

 

Este esquema se relaciona con la percepción de que son defectuosos, de que algo está mal con ellos. 

Por ejemplo, los defectos pueden estar relacionados con la personalidad, las capacidades mentales, el aspecto físico o su comportamiento social. 

Las personas con este esquema sienten una profunda vergüenza y sentimientos de inadecuación por sus defectos percibidos. Íntimamente, suelen sentirse indignas de amor y respeto, y muestran un fuerte temor a que sus defectos salgan a la luz.  

Suelen estar muy enfocados en sí mismos cuando interactúan, como un intento de controlar lo que transmiten. Paradójicamente les produce mayor malestar. 

También tienden a sentirse acomplejados, a tener dificultades de autoestima, y se avergüenzan de quiénes y cómo son. Se sienten inseguros y tienden a compararse con otras personas. 

Los persistentes sentimientos de vergüenza y ansiedad, pueden percibir las relaciones sociales e íntimas como una amenaza. En edades adultas, les puede preocupar cuando se acerquen a alguien que se descubran sus “defectos”, provocando sentimientos extremos de vergüenza. Por ello, tienden a evitar los vínculos en general. 

Las personas que han desarrollado estas heridas de la infancia suelen haber sufrido en un clima de rechazo, abusos y fuertes críticas, a las que se han vuelto extremadamente sensibles. Además, tienden a permitir que los demás les desvaloricen y a no aceptar los cumplidos. Si tienen relaciones íntimas, suelen elegir parejas que no les respetan ni les tratan bien.


5. Aislamiento social

 

Las personas que tienen el esquema de aislamiento social sienten que no pertenecen a ningún grupo ni lugar. Se sienten crónicamente diferentes. Esto suele ocurrir cuando un niño crece en una familia socialmente aislada o es, de un modo u otro, diferente al convencionalismo social o cultural. Por ejemplo debido a:  

  • Factores socioeconómicos 
  • Antecedentes familiares (minorías étnicas, huérfanos, etc.) 
  • Migración 
  • Apariencia o aspecto físico  
  • Elevadas capacidades cognitivas 
  • Orientación sexual 
  • Orientación religiosa 

Las personas con este esquema se sienten desconectadas y alienadas del resto de un mundo del cual desconfían. Como resultado, evitan los contactos sociales y las situaciones sociales, padeciendo angustia crónica y vacío emocional. Aunque algunos individuos que han desarrollado este esquema tienen relaciones íntimas, muchos acaban solos en sus vidas. 

 

Dominio II: Deterioro de la autonomía y el rendimiento 

 

Estos esquemas y sus heridas de la infancia se relacionan con una falta de sentido del yo y de autonomía. Es decir, las personas que desarrollan este tipo de esquemas no han formado una percepción estable de quiénes son y cómo son como individuos independientes. 

 

 Esto suele ocurrir cuando uno crece en una familia de padres sobreprotectores. Se implicaban demasiado en la vida del niño o se despreocupaban de impulsar su autonomía. Dichos cuidadores podrían haber minado la confianza del niño y no haber facilitado su capacidad para funcionar de forma independiente y para desenvolverse con éxito.

Contiene cuatro esquemas desadaptativos tempranos.

 

6. Dependencia / Incompetencia

 

El esquema de dependencia / incompetencia incorpora la creencia de que uno no es capaz de formar juicios adecuados, tomar decisiones y manejar situaciones cotidianas por sí mismo. Los individuos con este esquema sienten que necesitan consultar a otros antes de actuar. En algunos casos, necesitan que alguien les ayude y les diga qué tienen que hacer. 

En ocasiones, viven con ansiedad porque son incapaces de organizar su vida. Realizar tareas básicas sin la ayuda de asistencia puede resultar difícil. Las personas que tienen este esquema tienden a evitar el cambio y la responsabilidad. No sienten que tengan una voz e intuición individuales. 

Un niño suele desarrollar este esquema cuando sus padres toman todas las decisiones o tareas por él. Padres en muchos casos preocupados y con buenas intenciones. En consecuencia, el niño no aprende a crear sus propios juicios ni a tomar responsabilidades. El desarrollo de habilidades necesarias para funcionar de forma autónoma en la vida, se puede truncar.   

Las personas que tienen este esquema perciben que necesitan a los demás para sobrevivir y, por tanto, son muy dependientes de ellos. Estas personas tienden a buscar a alguien que les cuide, o se encargue de todo por ellos. 

 

7. Vulnerabilidad al daño o a la enfermedad

 

Las personas que tienen el esquema de vulnerabilidad viven con el temor constante de que les ocurra algo horrible en cualquier momento. 

Las personas con este esquema tienen una percepción exagerada y nada realista de la probabilidad de que les ocurran algo terrible. Su ansiedad puede estar relacionada con enfermar, padecer trastornos mentales, ser víctima de un crimen o de una catástrofe ambiental.

Este esquema se asocia a la percepción de que uno es incapaz de protegerse de las catástrofes imaginadas o previstas. Sienten que no podrán evitar que ocurran cosas malas, y una vez que pase, no podrán afrontarlo. Generalmente han sido cuidados por personas preocupadas, fóbicas o hipocondríacas, inoculando sus miedos en el niño.

 

8. Apego inmaduro dependiente/ Desarrollo del Self Fusionado

 

Este esquema suele desarrollarse cuando los niños crecen «fusionados» con sus padres. Esto ocurre cuando los padres se vinculan demasiado inmersos en el niño, se involucran sin límites, y deciden intrusivamente en todo lo que éste hace. 

Estos procesos psicológicos suelen provocar deficiencias en el desarrollo social y autonomía, así como una tendencia a percibir que les «falta de algo importante». 

Las personas que tienen este esquema no tienen un sentido fuerte ni estable de identidad, de quiénes son. Más bien sienten que no están completos sin la «figura fusional». Esa persona puede ser un amigo, un hermano, una figura paternal u otros vínculos. 

Los individuos con este esquema están tan fuertemente conectados a un vínculo fusional, como si su mundo girara en torno a esta persona. Suelen pensar mucho en la figura con la que viven “enmarañados”, hablar de ella y depender. Se sienten culpables cuando no lo hacen.

Suelen tener dificultades para tener pareja, ya que dicha figura es inconscientemente insistituible. En otros casos pueden intentar «fundirse» de nuevo con alguien con características similares.

 

9. Fracaso

 

Las personas con este esquema sienten que están fracasando en la vida.  

Generalmente, el fracaso está relacionado con el rendimiento académico, deportivo o profesional. Por ejemplo, que no son tan inteligentes, eficientes, hábiles o talentosos como la gente que les rodea. 

Estos individuos creen que seguirán fracasando en lo que les gustaría conseguir. Así que, como una forma de profecía autocumplida, suelen adoptar comportamientos de autosabotaje. 

Sin embargo, algunas personas que tienen este esquema pueden intentar esforzarse más en las áreas que necesitan sobrecompensar (estudios, trabajo u otras actividades), para superar la percepción de falta de habilidades, inteligencia o talento.  

A menudo, las personas con este esquema muestran un menor rendimiento real (en comparación con sus compañeros). En algunos casos, esto se debe a la falta de disciplina, concentración o dedicación. Aunque en otros casos, el esquema de fracaso puede reflejar verdaderas deficiencias que impiden tener un rendimiento como sus compañeros. 

 

Dominio III: Deterioro en los límites

 

Los límites deteriorados es el tercer dominio de heridas de la infancia y sus esquemas desadaptativos. Está relacionado con problemas para establecer límites tanto personales como interpersonales. 

 A nivel personal, las personas con esquemas de este dominio suelen tener dificultades para controlar sus impulsos, mantener conductas dirigidas a objetivos, asumir responsabilidades, y seguir normas y reglas. A nivel interpersonal, estos adultos pueden despreciar las necesidades y los derechos de los demás y, por tanto, no tienen capacidad suficiente para cooperar en contextos sociales.  

Los esquemas de este dominio suelen desarrollarse en niños cuyos padres no pusieron límites adecuados ni suficientes. Por ejemplo, durante la crianza, no dieron suficiente orientación, tampoco contuvieron a sus hijos, ni animaron a fortalecer la autodisciplina.

Contiene dos esquemas.

 

 

10. Grandiosidad / Sentido de derecho

Las personas que tienen este esquema se sienten superiores a los demás. Por ello, tienden a focalizarse en sus puntos fuertes y a minimizar sus defectos. Además, también se perciben a sí mismos como especiales y no aceptan que (como todos los demás), tienen limitaciones y debilidades. 

Necesitan conseguir lo que quieren en la vida (independientemente de que sea realista y razonable), y por ello tienden a pasar por encima de las personas que se interponen en su camino. 

Manifiestan lo que se conoce en inglés como Entitlement (lo traduzco como Sentido de Derecho): creen que no tienen por qué seguir las reglas que se aplican a los demás y se sienten con derecho a ser tratados con privilegios. Este Sentido de Derecho puede ser: 

  • Frágil: cuando hay presencia de esquemas de Imperfección/ Privación emocional tienden a sobrecompensarlo para controlar la angustia de «sentirse menos». Relacionado con el narcisismo vulnerable o de “piel fina”.
  • Puro: no relacionado con otros esquemas; los padres suelen haber consentido y malcriado al niño. Es frecuente que alguno de los cuidadores tuviera rasgos narcisistas, con necesidad de valoración y de rebajar a los demás, o con sentimientos de grandiosidad.  Relacionado con el narcisismo grandioso o de “piel dura”. 
  • De dependencia: relacionado con el esquema de dependencia, creen que los demás están obligados a cuidar de él (porque uno es especial o superior). 

En las relaciones adultas, pueden tender a relacionarse con personas con las que se sienten admirados, manteniendo el esquema. Tienden a reaccionar con rabia o alejarse cuando se sienten rechazados o criticados.

 

11. Autocontrol Insuficiente / Autodisciplina

 

Este esquema se caracteriza por un deterioro de la regulación emocional y la autodisciplina. 

 Las personas que tienen este esquema tienden a ser impulsivas, poco fiables y desorganizadas. Por lo general, tienen dificultades para resistir sus impulsos ni soportar el malestar. 

En la etapa adulta, carecen de autocontrol, suelen centrarse en la gratificación a corto plazo y no consideran las consecuencias de sus actos. Como resultado, presentan problemas en varias áreas de su vida.  

Puede que quieran cambiar su comportamiento, pero a menudo sienten que no tienen ningún control sobre él. 

Los niños suelen desarrollar este esquema cuando sus cuidadores establecieron pocos o ningún límite, o bien no les animaron a tolerar el malestar emocional para conseguir objetivos a largo plazo. Es frecuente en casos de abuso infantil o de ausencia de figuras cuidadoras.

 

Dominio IV: Focalización en los demás

 

La focalización u orientación hacia los demás, es el cuarto dominio de los esquemas desadaptativos tempranos en el modelo de la Terapia de Esquemas. Por lo general, las personas que tienen este tipo de heridas de la infancia, crecen creyendo que el amor es condicional. Se centraron demasiado en las reacciones, opiniones y aprobación de los demás. 

En cambio, no prestaron mucha atención a sus propios deseos e inclinaciones. Estos individuos piensan que los demás los amarán y aceptarán si satisfacen sus necesidades. Buscan la aprobación, suprimiendo sus propias emociones y necesidades para lograrlo. 

Hay tres esquemas desadaptativos en el cuarto dominio. 

 

 

12. Sometimiento

 

El esquema de sometimiento o subyugación, mantiene la creencia de que las propias emociones, necesidades, preferencias y opiniones no son importantes. Han aprendido que si no se reprimen las emociones, provocarán rechazo o castigo. 

Los adultos con este esquema suelen permitir que los demás les dominen y suelen entablar relaciones con amigos y parejas controladoras. Se sienten débiles o/e impotentes. En algunos casos, pueden volverse rebeldes, para contrarrestar sus miedos y creencias negativas.

Los sentimientos y deseos propios no se reprimen por valores o normas morales, sino por el miedo a que ocurra algo malo si no se reprimen. En las experiencias infantiles, suele haber figuras autoritarias o que se imponen de una forma inadecuada con el niño. Por ejemplo, humillando, o abusando verbal/físicamente. 

13. Autosacrificio

 

Al igual que el esquema de sometimiento, el esquema de autosacrificio se asocia con la renuncia a las propias necesidades y la atención a las de los demás. Sin embargo, ambos esquemas son muy diferentes. 

 En primer lugar, las personas que tienen el esquema de subyugación se sienten impotentes y controladas por los demás; suprimen sus necesidades para evitar las consecuencias negativas previstas.

Por el contrario, las personas que tienen el esquema de autosacrificio eligen poner a los demás y sus necesidades en primer lugar, porque creen que es lo correcto. 

Aunque las personas con el esquema de autosacrificio tengan buenas intenciones (evitar el malestar de los demás) y sean muy empáticas, suelen acabar estresadas, dolidas y agotadas de tanto dar. 

A menudo, también tienen el esquema de privación emocional: se preocupan mucho por los demás, pero reciben poco a cambio, por lo que sus propias necesidades nunca se satisfacen adecuadamente. Esto también puede dar lugar a sentimientos negativos hacia las personas por las que se sacrifican. 

14. Búsqueda de aprobación / Búsqueda de reconocimiento

 

Para las personas que tienen este esquema, el sentido de la autoestima se basa en las opiniones, reacciones y aprobación de los demás. Estos adultos creen que, si los demás les admiran, encajarán y serán valorados. 

En consecuencia, las personas que tienen este esquema ponen un gran énfasis en cómo se ven sus vidas en su entorno. Por ejemplo, se centran en el dinero, el éxito, el estatus, la apariencia y las posesiones 

Generalmente, esto es un reflejo de la actitud de los padres, cuyos valores se basaban en lo que es socialmente deseable, y no en lo que es bueno para ellos o para su hijo. 

Las personas con estas heridas de la infancia no suelen tener un sentido auténtico de sí mismas, de quiénes son y de lo que realmente quieren en la vida. Es lo que se conoce como un falso-Self, no actúan según sus propios juicios e inclinaciones adaptándose a lo que creen que los demás esperan (familia, grupos de pertenencia, entorno laboral).

Sin embargo, su búsqueda de admiración, aprobación y atención NO se basa en: 

  • el miedo a que expresar su verdadero yo tenga malas consecuencias (esquema de sometimiento). 
  • el deseo de ayudar a los demás (esquema de autosacrificio). 
  • la percepción de superioridad y el deseo de control (como en el esquema de grandiosidad/sentido de derecho). 
  • normas internalizadas o personales (como en el esquema de normas implacables). 

 

Dominio V: Hipervigilancia e Inhibición

 

Lo característico de los esquemas de este dominio es el énfasis en reglas estrictas y valores morales interiorizados, así como la minimización de los sentimientos y la expresión emocional. A menudo, a costa del propio bienestar o de las relaciones interpersonales. 

Las personas que desarrollan estos esquemas suelen haberse criado en familias exigentes, estrictas, punitivas o perfeccionistas. 

Hay cuatro esquemas desadaptativos en este ámbito. 

 

15. Negatividad / Pesimismo

¿Conoces a alguien que mira sistemáticamente el lado negativo de la vida? Concretamente, se trata de un código interno centrando en el dolor, el sufrimiento, el fracaso y la adversidad de la vida. Por lo tanto, restan importancia a sus aspectos positivos y amplifican lo más funesto. 

Viven con ansiedad y preocupación crónicas, porque esperan que las cosas vayan mal.  Estas creencias también van acompañadas de la previsión de que los errores tendrán consecuencias extremas y desproporcionadas. 

Por tanto, las personas con este esquema se estresan y rumian sobre anticipaciones en el futuro. Son pesimistas y a menudo indecisos. Incluso pueden parecer obsesivos en sus esfuerzos por prevenir los errores para evitar los correspondientes desastres. 

Por un lado, los niños pueden desarrollar este esquema copiando y absorbiendo la misma actitud de sus padres. Por otro lado, la negatividad y el pesimismo pueden ser el resultado de las dificultades y adversidades de la primera infancia.

 

16. Inhibición emocional

 

Las personas que tienen el esquema de inhibición emocional dan mucho valor al autocontrol. Por ello, estos adultos no suelen actuar de forma natural, espontánea o lúdica. 

Inhiben su expresión de emociones tanto positivas como negativas: ira o agresividad, vulnerabilidad, deseo sexual, alegría, etc. También pueden intentar evitar que los demás muestren sentimientos intensos.  

Aparentan ser estrictos, sin emociones o reservados. La creencia general es que demostrar, hablar o actuar sobre las propias emociones es algo malo. 

En ocasiones, la importancia percibida del autocontrol puede tener una base cultural.  Sin embargo, el esquema de inhibición emocional suele producirse cuando se avergüenza a un niño por comportarse o comunicarse de forma natural y juguetona. 

Para evitar esa desaprobación y esa vergüenza en el futuro, el niño aprende a ejercer el autocontrol y, finalmente, a inhibir sus emociones. 

 

17. Normas implacables / Hipercrítica

 

Las personas que han desarrollado este esquema se esfuerzan por cumplir normas y reglas extremas o rígidas. No lo hacen porque busquen una validación externa: lo hacen por sí mismos. 

El esquema de normas implacables se asocia con el perfeccionismo, la atención escrupulosa a los detalles, y la gran crítica hacia los demás y hacia uno mismo. 

Los adultos que tienen este esquema pueden perseguir la perfección en varias y múltiples áreas de su vida, como: los logros académicos, el rendimiento profesional, las opiniones morales, etc. 

También tienden a preocuparse por la productividad y la eficacia y les resulta difícil bajar el ritmo. 

Como resultado de perseguir la perfección, a menudo acaban sintiéndose agotados, irritados o ansiosos. Estar al día con sus propios estándares internos puede causarles una intensa presión y perjudicar su bienestar, así como sus relaciones. 

Por último, los niños que desarrollan este esquema suelen crecer en familias en las que los niveles de exigencia eran extremadamente altos. 

Por ejemplo, estos estándares pueden estar relacionados con el rendimiento, los comportamientos, los principios morales o éticos, etc. Otra posibilidad es que establecer y esforzarse por unos estándares imposibles, sea una forma de enfrentarse al esquema de Imperfección.

18. Castigo

 

Se caracteriza por la rígida creencia de que los errores deben castigarse en lugar de perdonarse. 

El esquema de castigo, o la tendencia a ser punitivo con uno mismo o los demás, se transmite de generación en generación. Así, los niños que lo desarrollan suelen reflejar las creencias y actitudes de sus padres. 

Los adultos que tienen este esquema suelen ser intolerantes e implacables con los demás y consigo mismos. También tienen normas estrictas y no aceptan el fracaso humano. Además, no suelen tener en cuenta los factores circunstanciales que pueden haber provocado los errores.  

Este esquema puede combinarse con los esquemas de normas implacables y de imperfección: 

  • En primer lugar, con las Normas Implacables, uno se castigaría a sí mismo por no mantener sus normas perfeccionistas.  
  • En segundo lugar, con la Imperfección, uno se castigaría a sí mismo por ser defectuoso/defectuoso. 

¿Cómo curar la heridas de la infancia? 

 

Como hemos visto, las heridas de la infancia dejan esquemas internos desadaptativos que influyen en el estilo de personalidad y el comportamiento. Son difíciles de cambiar porque están profundamente arraigadas en las personas. Afortunadamente, la forma más efectiva que disponemos para afrontarlas es, la terapia psicológica.

En primer lugar, es importante para poder comprender y tomar consciencia de estos patrones (este artículo es un primer paso 😉). En segundo, ese esencial implementar una intervención integradora que actúe en diferentes niveles: comportamiento, pensamiento, regulación emocional y corporal, y dinámicas inconscientes internas e interpersonales.

Existen muchos tipos de terapia, y no todas son capaces de modificar estos patrones. Comparto algunas recomendaciones que debería de contener:

  • La psicoterapia elegida debe de tener una perspectiva relacional. Es decir, una orientación que ponga un gran énfasis en la relación terapeuta-paciente. El terapeuta se adapta activamente las necesidades emocionales del paciente, creando un espacio de seguridad y confianza, donde explorar y fomentar el cambio. 
  • Los esquemas se expresan en forma de estados emocionales y mecanismos de defensa inconscientes. La psicoterapia debe tener en cuenta pensamientos y emociones que se esconden bajo la conciencia.
  • Debe integrar la Teoría del Apego, y conocer la expresión de los estilos de apego en el adulto.
  • Técnicas expresivas emocionales o corporales, en sintonía con el conocimiento de las investigaciones en Trauma.

La Psicoterapia Psicoanalítica (especialmente desde el Psicoanálisis Relacional), la Terapia de Esquemas y otras Terapias Cogitivas o Psicodinámicas integradoras más recientes hacen hincapié en las necesidades emocionales, el apego, las relaciones interpersonales y el desarrollo de problemas psicológicos en la primera infancia y la adolescencia.

Conclusiones

 

Ciertas actitudes y comportamientos de los cuidadores, pueden aceptarse como buenas para crear un carácter fuerte o “hacerse duros”, pero en realidad generan vulnerabilidades que acompañan de por vida a la persona. Hemos visto múltiples ejemplos de cómo se destruye la autoestima infantil, crean miedo al rechazo, temor a la soledad, dependencia emocional, o incluso transforma a los niños en adultos tiranos y egoístas.  

Este artículo es una guía extensa de las heridas de la infancia, (esquemas desadaptativos tempranos) donde podrás entender el origen y sus características. Las heridas emocionales de la infancia son experiencias dolorosas que dejan una huella que se extiende incluso a la etapa adulta. Como hemos visto, las experiencias de trauma relacional en la infancia se manifiestan en el estilo de personalidad, durante la edad adulta, causando dificultades personales e interpersonales. 

 

Referencias

 

Young-Klosko. (2001). Reinventa Tu Vida. Ediciones Paidos Iberica.

Young, J., Klosko, J. y Weishaar, M. (2013). Terapia de esquemas. Guía práctica. España, Bilbao: Desclée de Brouwer.

Hugo Filippe
Hugo Filippe
Licenciado en Psicología (Univ. Complutense de Madrid). Especialista en Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica (Univ. Pontificia de Comillas). Miembro de la Sociedad Forum de Psicoterapia. Emprendedor digital, fundador de ElementalPsychology. Espíritu aventurero, apasionado de la mente humana. Más sobre mi.

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