Trauma relacional – qué es y cómo se repara en terapia







TL;DR · Resumen:
El trauma relacional consiste en experiencias adversas y acumulativas, vividas en vínculos de los que se depende, como la familia, la pareja u otras relaciones significativas. Cuando quien debería ser fuente de cuidado, apoyo y confianza se convierte en origen de malestar, el impacto alcanza la autoestima, la regulación emocional y la capacidad de mantener relaciones sanas. Este artículo explica su origen en el apego y cómo se trabaja en terapia.

Cómo se trabaja el trauma relacional en terapia online

Hay heridas que quedan fuera del registro de lo evidente y aun así condicionan la manera de mirarse y de vincularse. Una de ellas aparece cuando quienes debían cuidar y proteger se convirtieron en fuente de dolor, tanto por comisión (abusos físicos, verbales, etc.) como por omisión (ausencia, abandono, negligencia, etc.).

A veces el daño llega por la vía del abuso evidente, aunque con más frecuencia procede de la frialdad sostenida, del silencio usado como respuesta y de la invalidación repetida de lo que la persona siente. Se construye en lo cotidiano, en los gestos de cuidado que el adulto omitió durante años sin que nadie los registrara como ausentes. El desgaste se parece a la gota que cae cada día durante años en el mismo punto de una piedra.

El daño de origen vincular tiene lugar dentro de relaciones afectivas significativas, y queda instalado en el mismo terreno donde alguien aprende a confiar y a sentir seguridad junto a una persona.

 

¿Qué es el trauma relacional?

El trauma relacional es el conjunto de consecuencias psíquicas duraderas que deja el daño emocional sostenido dentro de un vínculo del que se depende. Altera el desarrollo afectivo, la construcción de la identidad y la capacidad de vincularse con seguridad, sobre todo cuando ocurre en las primeras etapas de la vida.

Estas vivencias se repiten dentro de una relación de la que resulta difícil salir, y esa permanencia es la que va fijando el daño (Herman, 1992; Freyd, 1996). Cuando ocurren en la infancia, la ruptura alcanza necesidades que sostienen el desarrollo entero, como el apego, la protección y la validación.

Qué lo distingue de otros tipos de trauma

La palabra trauma nombra habitualmente el efecto psíquico de un acontecimiento devastador y localizado en el tiempo, como un accidente o una agresión que pone en peligro la integridad física o mental de una persona. En el daño acumulado dentro del vínculo pesa más quién hiere que qué ocurre, porque quien hiere es alguien de quien la persona depende emocionalmente (Freyd, 1996).

De ahí surge una paradoja que la infancia resuelve siempre del mismo modo. Fairbairn (1952) la describió con precisión en su noción de defensa moral contra los objetos malos: quien depende por completo de un adulto que falla acaba haciéndose malo a sí mismo para poder seguir viendo bueno al adulto, porque un niño malo en un mundo gobernado por buenos padres conserva la esperanza de arreglarse, mientras que un niño bueno en manos de malos padres queda sin salida.

Ferenczi (1933/1949) había nombrado antes el movimiento complementario, la identificación con el agresor: el niño que recibe la invalidación acaba introyectando la culpa de quien lo daña, hasta hacerla propia. Ambas formulaciones describen el mismo reparto, que deja la culpa alojada en quien recibió el daño y mantiene fuera de revisión a la figura que lo produjo.

Ejemplos frecuentes de daño acumulado en el vínculo

  • Maltrato psicológico de un progenitor. Descalificación sostenida, comparaciones o castigo emocional como forma habitual de corregir.
  • Abandono afectivo en la infancia. Presencia física del adulto con ausencia de disponibilidad emocional.
  • Pareja marcada por el control. Chantaje emocional, humillación o vigilancia sostenida dentro de una relación estable.
  • Amistades sostenidas sobre la culpa. Vínculos donde la permanencia depende de la exigencia o del miedo a ser rechazado.

El origen en el apego: esquemas internos y mentalización

La teoría del apego explica por qué el daño dentro de un vínculo temprano deja consecuencias tan duraderas. Cada relación de cuidado deja un esquema interno con el que la persona interpretará, años después, si alguien resulta fiable o si resulta más seguro protegerse de antemano.

Modelos operativos internos: los esquemas desde los que se viven los vínculos

Bowlby (1979/2014) llamó modelos operativos internos a esos esquemas, construidos en la infancia a partir de cómo respondieron las figuras de apego a la necesidad de cercanía. Cuando esas figuras resultaron inconsistentes, hostiles o ausentes, el esquema que queda fijado es de anticipación del daño, con desconfianza hacia el cuidado cuando por fin aparece.

El esquema se traslada después, con muy poca conciencia de ello, a la pareja, a la amistad y a la propia relación terapéutica. Por esa vía la repetición resulta reconocible aunque cambien las personas implicadas. La formación de estos esquemas está desarrollada en las heridas de la infancia.

Mentalización: entender lo que ocurre en la propia mente y en la del otro

La mentalización es la capacidad de comprender la conducta propia y la ajena en términos de estados mentales, esto es, de intenciones, deseos y emociones (Fonagy et al., 2002). Se desarrolla en la infancia gracias a un cuidador capaz de devolver reflejado lo que el niño siente, con precisión suficiente para que este aprenda a reconocer su propio mundo interno.

Cuando el vínculo temprano estuvo marcado por el daño sostenido, esa capacidad suele quedar comprometida. Cuesta distinguir el propio sentir del ajeno, y las intenciones del otro se leen por defecto como amenazantes. Trabajar la mentalización en terapia consiste en gran medida en reconstruir esa lectura del mundo interno con más matiz y con menos alarma.

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Schore y la regulación afectiva: qué ocurre en el cuerpo y en el self

Schore (2003) aporta la capa neurobiológica del proceso. Su trabajo describe cómo el hemisferio derecho, encargado de la regulación emocional y del procesamiento del vínculo, se desarrolla en buena medida a través de la interacción temprana con el cuidador. Cuando esa interacción quedó marcada por el daño, el desarrollo de los circuitos de autorregulación afectiva se resiente.

La regulación afectiva da cuenta de lo que la clínica venía observando desde antes, y es que la huella alcanza la manera en que el sistema nervioso regula el propio self, además de las ideas que la persona sostiene sobre sí misma. Por esa razón la reparación necesita también experiencia emocional dentro de una relación estable y predecible, junto al trabajo sobre el pasado.

¿Cómo afecta el trauma relacional a la salud mental?

Las consecuencias se reparten en cuatro planos: la regulación de las emociones, la forma de vincularse en la adultez, la construcción de la identidad y la expresión corporal del malestar. Cada plano puede aparecer con intensidad distinta según cuán temprano y cuán sostenido fuera el daño.

Alteraciones emocionales

El cuerpo queda con la alarma encendida y sin descanso. Buena parte de quienes llegan a consulta con esta historia detrás lo describe como una espera activa de la próxima crítica, del abandono, del silencio hostil.

Esta sobrecarga emocional puede manifestarse en forma de ansiedad, ira contenida, dificultad para relajarse o lloros repentinos. A veces, el malestar es tan intenso que el cuerpo busca apagarlo como sea, por ejemplo, con conductas impulsivas, abuso de sustancias, conductas autodestructivas o desconexión emocional.

Dificultades en las relaciones

La huella suele traducirse en vínculos adultos marcados por la desconfianza o por la dependencia. Hay quien se cierra por completo, convencido de que todo afecto acaba en dolor, y hay quien se engancha a relaciones que repiten el abandono, con la esperanza silenciosa de reparar lo que faltó.

El desgaste más difícil de detectar ocurre en la convivencia diaria con alguien cuyo carácter y cuya forma de reaccionar van moldeando lentamente a quien tiene al lado, mediante la mirada de desaprobación ante una petición o el mensaje implícito de que la propia necesidad resulta «demasiado». Años de esa dinámica automatizan el funcionamiento hasta volverlo indistinguible del carácter propio.

SITUACIÓN COMPUESTA, SIN CORRESPONDENCIA CON PERSONA REAL

Una cena de cumpleaños que termina antes de tiempo, con la conversación cortada por un comentario mínimo sobre el trabajo. En el coche de vuelta aparece la disculpa, ofrecida por quien recibió el comentario y dirigida a quien lo hizo. La secuencia se repite desde hace años con temas distintos y el mismo reparto: el malestar propio se administra en silencio para evitar que la otra persona se retire. Lo que se activa ahí se aprendió en una casa donde el enfado del adulto se apagaba pidiendo perdón primero, y esa vía sigue siendo la que el cuerpo encuentra disponible.

Al salir de una relación así, el funcionamiento permanece. Se replica con personas nuevas, y esa persistencia explica que el daño siga operando mucho después de que termine la relación que lo produjo.

Aparecen entonces patrones de apego inseguro, con la búsqueda constante de aprobación o el miedo desproporcionado al rechazo como formas visibles. Bajo esas formas visibles sigue operando una necesidad de reconocimiento que nunca obtuvo respuesta en su momento.

Impacto en la identidad y la autoestima

Cuando los mensajes de la infancia son de desprecio, indiferencia o abuso, resulta fácil acabar creyendo que el defecto está dentro. Se instala una vergüenza de fondo, la sensación de estar mal hecho o fuera de lugar, que acompaña sin necesitar ningún motivo actual que la justifique.

Winnicott (1965) dio nombre a lo que se organiza encima de esa vergüenza: el falso self, una fachada adaptativa que se construye cuando la experiencia auténtica del niño no encontró reflejo fiable en el entorno. La persona aprende a mostrar lo que resulta aceptable y a mantener el resto fuera del alcance de los demás. La eficacia de esa organización explica su permanencia, y también su coste: quien funciona así llega a la adultez con dificultades para reconocerse y para confiar en su propio criterio, con la sensación de vivir una vida correcta y ajena.

En primera consulta el volumen de la voz baja con mucha frecuencia al llegar al dato concreto de la infancia, a la escena que duele, y vuelve a subir en cuanto la persona retoma la explicación general sobre su familia. Ese cambio de intensidad orienta hacia el punto al que volver más adelante.

Manifestaciones físicas y disociativas

La huella se inscribe también en el registro corporal. Los síntomas somatomorfos sin base orgánica, junto a las experiencias de estar fuera del propio cuerpo, se cuentan entre las manifestaciones que Farina et al. (2019) sitúan dentro de una dimensión traumático-disociativa de raíz vincular.

La disociación funciona como una estrategia de protección: desconectarse de las emociones, de los recuerdos, incluso de las propias sensaciones corporales. Con el tiempo, esa protección se convierte en una barrera. El mecanismo está desarrollado en qué es la disociación de la realidad.

Bromberg (1998) ofrece desde el marco relacional la lectura que mejor encaja con lo que aparece en sesión. Describe la mente como una configuración de estados del self que en condiciones favorables conviven y se comunican, y que tras un daño temprano quedan aislados unos de otros. Lo que quedó fuera del relato, aquello que Bromberg llama not-me, sigue presente como memoria afectiva sin memoria autobiográfica que la explique: la reacción llega intacta y sin escena a la que atribuirla. Esa descripción da cuenta de por qué alguien puede sentir pánico ante una situación cotidiana sin poder decir de dónde le viene.

Un momento reconocible de las sesiones donde aparece este material llega cuando alguien describe una reacción intensa de la semana anterior y, al buscar qué la disparó, se detiene en un detalle mínimo, como la manera en que la otra persona apartó la vista un segundo de más. La desproporción entre ese detalle y la intensidad de la respuesta orienta el trabajo hacia un estado que se activa entero, con la escena de origen fuera del alcance del relato.

¿Qué problemas psicológicos aparecen a largo plazo?

El daño relacional temprano se asocia a cuadros diversos en la adultez, entre ellos la depresión, los trastornos alimentarios, las adicciones y los cuadros disociativos. Cada uno funciona como una capa construida sobre la herida inicial, lo que explica que el tratamiento sintomático aislado alcance resultados limitados.

A menudo la historia llega en forma de diagnósticos acumulados a lo largo de los años, con el recuerdo del origen todavía sin formular. Van der Kolk (2005) describe esa presentación en varios planos a la vez:

  • cuadros del estado de ánimo, con la depresión como forma más frecuente,
  • trastornos de la conducta alimentaria y consumos problemáticos,
  • enfermedades médicas diversas y conductas impulsivas o autodestructivas,
  • y cuadros disociativos y somatomorfos que la clínica suele abordar por separado.

El propio Van der Kolk (2005) advierte del riesgo de tratar cada pieza por su cuenta, como si fueran problemas independientes, cuando funcionan como expresiones de una misma desorganización interna. La organización límite de la personalidad aparece con frecuencia asociada a historias de apego dañado y de emociones desbordadas desde la infancia (Van der Kolk, 2005; Farina et al., 2019), aunque el nombre diagnóstico dice poco por sí solo sobre lo que le ocurrió a esa persona.

Niño sentado solo en una sala de juegos infantil, mirando a cámara con expresión de abandono afectivo

Qué distingue el trauma relacional del trauma complejo

El trauma complejo es la categoría diagnóstica amplia, reconocida por la CIE-11 como TEPT complejo. El daño de origen vincular describe una procedencia concreta dentro de ese territorio, la relación afectiva de la que la persona dependía. Ambos conceptos se solapan sin coincidir por completo.

La CIE-11 incorporó el TEPT complejo como diagnóstico independiente (Organización Mundial de la Salud, 2019), después de una década de discusión sobre si los perfiles sintomáticos justificaban separarlo del TEPT clásico (Cloitre et al., 2013). El daño de origen vincular queda dentro de ese espectro cuando la exposición fue prolongada y alcanzó la intensidad que el diagnóstico requiere.

  Trauma complejo Trauma relacional
Qué es Categoría diagnóstica amplia (CIE-11) Descripción del origen vincular del daño
Origen Exposición prolongada y repetida a experiencias traumáticas Daño repetido dentro de un vínculo afectivo significativo
Ejemplos Guerra, cautiverio, desastres prolongados, violencia sostenida Progenitor invalidante, pareja controladora, negligencia afectiva
Foco del tratamiento Procesamiento del recuerdo y estabilización sintomática Reparación de la experiencia de vínculo y del apego
Relación entre ambos Incluye casos de origen vincular y de otros orígenes Se sitúa dentro del espectro del trauma complejo cuando la exposición ha sido prolongada

La distinción importa en la práctica porque orienta el tratamiento. Con un origen vincular claro, el trabajo terapéutico se dirige primero a reparar la experiencia de vínculo, y el procesamiento del recuerdo traumático llega después, apoyado en esa reparación.

Cómo se ve esto en consulta

El motivo de consulta rara vez menciona el vínculo dañado. Suele presentarse como ansiedad, como relaciones que terminan siempre igual o como malestar sin causa localizable. El origen relacional aparece semanas después, cuando el relato alcanza escenas de la infancia que la persona traía sin nombrar.

Recojo aquí un ejemplo compuesto a partir de varios procesos, sin correspondencia con ninguna persona concreta. Llega alguien en la treintena, con trabajo estable y una vida ordenada por fuera, que describe relaciones que «siempre acaban igual». El motivo declarado es la ansiedad. El abandono queda fuera del relato, por carecer todavía de nombre.

Con las semanas aparece una escena de la infancia: un progenitor que se marchó de casa y prometía visitas de cumplimiento irregular. La espera junto a la ventana, y una conclusión que el niño extrae de ahí y hace recaer sobre sí mismo: «yo no soy suficiente para que alguien se quede». Ahí está el modelo operativo interno en funcionamiento, con el estatuto de una regla de lectura del mundo que se aplica después a cada situación nueva.

En el presente, esa regla se vuelve observable en un gesto cotidiano. Si la pareja tarda en responder un mensaje, la alarma se enciende antes de que exista ninguna evidencia, y entonces llega la reacción, en forma de reclamación o de ruptura anticipada. Ambas reacciones acaban confirmando la anticipación que las puso en marcha, de modo que cada ruptura refuerza la regla que la había producido.

El trabajo terapéutico busca algo más lento que la persuasión, que otros ya intentaron sin resultado, y consiste en que esa señal de peligro aparezca dentro de la sesión para poder mirarla juntos mientras está activa, hasta que la persona compruebe, semana tras semana, que la relación sigue en pie después de eso, que es la comprobación desde la cual el esquema empieza a moverse.

¿Cómo se supera el trauma relacional?

El tratamiento del daño relacional sigue habitualmente tres fases: estabilización y seguridad, procesamiento de la experiencia traumática, y reconexión con una nueva forma de vincularses. La relación terapéutica sostiene las tres, porque ofrece un vínculo estable dentro del cual revisar los esquemas construidos en el vínculo dañado.

Un proceso en fases: del dolor a la reconstrucción

Superar esta herida significa reescribir mentalmente el pasado desde el presente, añadiendo experiencias psicológicas nuevas que aporten seguridad y validación. La mayor parte de los enfoques terapéuticos coincide en tres grandes fases (Courtois y Ford, 2013), un modelo que Judith Herman (1992) había formulado antes en términos muy próximos.

Fase 1: estabilización y seguridad

Antes de abrir la herida hay que asegurar recursos para sostenerla. Esta fase consiste en construir una relación terapéutica segura, aprender estrategias de regulación emocional y establecer rutinas sean necesarias para implementar cambios en la vida cotidiana.

Con esos recursos disponibles, la persona sale del funcionamiento neurótico, y logra mayor consciencia a sus propias sensaciones corporales y  capacidad de decidir frente a automatismos inconscientes.

Fase 2: procesamiento de la experiencia traumática

Con estabilidad suficiente, el trabajo se dirige a los recuerdos y a las emociones asociadas. Puede hacerse a través de interpretaciones y señalamientos en el análisis de la narrativa, que permiten comprender el origen de los esquemas internos, y su  funcionamiento. También se utilizan mediante técnicas de expresión emocional y de regulación desde el propio vínculo terapéutico.

Se trata de integrar la historia biográfica y de resignificar lo vivido, fortaleciendo la autoimagen. A veces implica también hacer duelo por la infancia perdida o por las relaciones que quedaron truncadas. En consulta, se va observando una evolución porque los mecanismos inconscientes que mantenían patrones repetitivos a nivel emocional y relacional se van comprendiendo, dando margen al cambio en la vida presente.

Fase 3: reconexión y nuevas relaciones

Superarlo implica empezar a vincularse de otros modos, lo que implica cambios a nivel de pensamiento, de comportamiento y de gestión emocional. En la práctica significa por ejemplo podría ser, la capacidad de poner límites quien no los tenía, de pedir sin anticipar el rechazo quien aprendió a evitarlo si mostrar sus necesidades, o a retirarse de una relación que reproduce un malestar cuando la experiencia fue la de aprender a soportar y aguantarlo todo…

En esta etapa se trabajan también el propósito vital y los proyectos que la persona había aparcado, hasta que la herida deja de organizar las decisiones cotidianas y sus relaciones, aunque su marca permanezca.

Qué tipo de terapia ayuda en el daño de origen vincular

Los abordajes que trabajan a la vez la mente, el cuerpo, el vínculo y la emoción encajan bien con la naturaleza de esta herida, porque el daño alcanzó esos cuatro planos a la vez. Dentro del campo del trauma conviven marcos distintos con lógicas propias, y aquí nombro de dónde procede cada uno.

La psicoterapia basada en el apego y los abordajes psicodinámicos centrados en el vínculo comparten el supuesto que sostiene este artículo: el daño ocurrió dentro de una relación y encuentra ahí su vía de reparación. Otros enfoques, como el EMDR o la psicoterapia sensoriomotriz, trabajan desde marcos teóricos distintos del psicodinámico, con el foco puesto en el procesamiento del recuerdo y en la regulación corporal; los menciono como contraste, dado que no forman parte del abanico con el que trabajo.

Con cualquiera de esos marcos, cuenta que quien acompañe tenga formación específica en trauma y sepa trabajar respetando el ritmo de la persona. La alianza terapéutica funciona ella misma como espacio de reparación.

Mi enfoque integrador: psicodinámico-relacional centrado en trauma y en apego

Trabajo esta herida desde un enfoque psicodinámico integrador, centrado en trauma y en apego. La comprensión del vínculo temprano y de sus esquemas internos guía el proceso entero, además de la fase de procesamiento del recuerdo. El detalle del método está en terapia psicodinámica.

Esta forma de trabajar se sostiene en mi formación como Especialista Universitario en Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica, cursada en Madrid (Universidad Pontificia Comillas y Sociedad FORUM), y en la práctica clínica que vengo desarrollando desde 2013 con procesos de trauma, apego e identidad. Más sobre mi trayectoria.

¿Cuándo pedir ayuda profesional?

La indicación de terapia aparece cuando el malestar se sostiene en el tiempo y organiza la vida relacional: relaciones que repiten el mismo lugar, dificultad persistente para confiar o para poner límites, vergüenza sin motivo actual, o malestar físico crónico sin explicación médica.

Indicadores de que la herida sigue activa en el presente

  • Repetición del mismo lugar en la relación. Vínculos distintos en los que reaparece la sensación de ser pequeño, culpable o invisible.
  • Dificultad sostenida para confiar y para pedir. Poner límites o expresar una necesidad exige un esfuerzo desproporcionado.
  • Vergüenza sin motivo actual. Sensación persistente de estar en falta, o un vacío que acompaña sin causa localizable.
  • Malestar físico crónico sin explicación médica. Ansiedad, insomnio o dolor sostenido que las pruebas descartan una y otra vez.

Qué aporta un terapeuta especializado

Un psicólogo especialista en trauma ayuda a entender cómo se formaron esos esquemas, aporta herramientas para regular el malestar y acompaña un proceso de transformación que necesita tiempo.

El primer paso del recorrido suele consistir en disponer de un espacio seguro donde la propia experiencia reciba sentido y valor.

Lo que nació en una relación se repara dentro de otra

La comprensión intelectual del daño resulta insuficiente por sí sola, porque el esquema se construyó a partir de experiencia repetida dentro de un vínculo. Su revisión sigue la misma vía, la de una relación sostenida en el tiempo donde ocurra, semana tras semana, algo distinto de lo que ocurrió entonces.

Muchas personas llegan a consulta preguntándose ¿por qué resulta imposible cambiar cuando está claro que hace daño? La respuesta que aparece siempre en el trabajo conjunto en terapia

Lo que se formó en una relación, en la experiencia diaria y repetida con alguien, encuentra su transformación dentro de otra relación. Ese vínculo distinto es aquel donde las palabras se escuchan sin defensa previa y donde el conflicto termina en un acercamiento en lugar de en una retirada.

La clínica describe ese fenómeno como una experiencia emocional correctora, una nueva forma de pensar, sentir, y de relacionarse. El sistema nervioso se reorganiza cuando alguien demuestra, de manera sostenida y previsible, que la confianza y el apoyo se mantienen. El daño moldeó el esquema con el que se aprendió a estar en relación, y un esquema de ese tipo admite revisión mientras haya experiencia nueva que lo contradiga.

Por eso el trabajo en terapia dedica a la relación misma tanto espacio como al procesamiento de lo ocurrido. Consiste en pasar horas juntos, sesión tras sesión, con la experiencia de ser escuchado. La seguridad que faltó se construye por la misma vía que construyó el daño, mediante la repetición sostenida, esta vez de una escucha que no exige nada a cambio.

Ideas Clave

  • El daño de origen vincular nace en relaciones significativas por acumulación, y deja huellas duraderas en la identidad, en las emociones y en la vida relacional.
  • Sus raíces se explican desde el apego: los modelos operativos internos y la capacidad de mentalización se forman en el vínculo temprano.
  • La tradición psicodinámica aporta los conceptos que nombran el mecanismo: la defensa moral de Fairbairn, la identificación con el agresor de Ferenczi, el falso self de Winnicott y los estados disociados del self de Bromberg.
  • Se sitúa dentro del espectro del trauma complejo cuando la exposición ha sido prolongada, sin que ambas nociones coincidan por completo.
  • Con una terapia adecuada y sostenida, informada en trauma y en apego, es posible recuperar margen, conexión y sentido vital.

Preguntas frecuentes sobre el trauma relacional

¿Qué causa esta herida?+

La causa es la exposición repetida a la desconexión afectiva, invalidación, control o abandono dentro de un vínculo del que se depende emocionalmente. Basta con la ausencia sostenida de cuidado y de validación para que la huella se instale, sin que haga falta un episodio único de abuso evidente.

¿Cuáles son los tres tipos de trauma?+

Suele distinguirse entre trauma agudo, referido a un evento puntual; trauma crónico, por exposición repetida al mismo tipo de evento; y trauma complejo, por exposición prolongada y variada, habitualmente dentro de relaciones significativas. El daño de origen vincular se sitúa en esta última categoría cuando la exposición ha sido prolongada.

¿Cómo se supera el trauma relacional?+

A través de un proceso en fases: estabilización emocional, procesamiento del recuerdo y de su significado, y reconexión con vínculos nuevos y más seguros. La relación terapéutica funciona ella misma como espacio de reparación, sobre todo en un enfoque centrado en trauma y en apego.

¿Cuánto dura la terapia para esta herida?+

Depende de la profundidad de la herida y de los recursos con los que llega cada persona, de modo que no hay un plazo único. En terapia psicodinámica orientada al vínculo suele ser un proceso de medio a largo plazo, porque implica revisar patrones relacionales completos además de aliviar un síntoma puntual.

¿Esta herida también aparece en relaciones de pareja adultas?+

Sí. Su origen está con frecuencia en la infancia, y el guion se reactiva dentro de relaciones de pareja adultas marcadas por el control, la desconfianza o la repetición del abandono. La reactivación del patrón dentro de la pareja adulta se trabaja también en terapia de pareja online.

¿Es lo mismo que el apego inseguro?+

El apego inseguro describe el patrón de vínculo que se forma en la infancia. El daño relacional acumulado describe la experiencia que, con frecuencia, explica que ese apego se organizara sin seguridad. Están conectados y designan cosas distintas.

Referencias

  • Bowlby, J. (2014). Vínculos afectivos: formación, desarrollo y pérdida (6ª ed.; A. Guera Mirales, Trad.). Ediciones Morata. (Edición original 1979).
  • Bromberg, P. M. (1998). Standing in the spaces: Essays on clinical process, trauma, and dissociation. The Analytic Press.
  • Cloitre, M., Garvert, D. W., Brewin, C. R., Bryant, R. A., y Maercker, A. (2013). Evidence for proposed ICD-11 PTSD and complex PTSD: A latent profile analysis. European Journal of Psychotraumatology, 4, 20706. DOI: 10.3402/ejpt.v4i0.20706
  • Courtois, C. A., y Ford, J. D. (2013). Treatment of complex trauma: A sequenced, relationship-based approach. Guilford Press.
  • Fairbairn, W. R. D. (1952). Psychoanalytic studies of the personality. Tavistock Publications.
  • Farina, B., Liotti, M., e Imperatori, C. (2019). The role of attachment trauma and disintegrative pathogenic processes in the traumatic-dissociative dimension. Frontiers in Psychology, 10, 933. DOI: 10.3389/fpsyg.2019.00933
  • Ferenczi, S. (1949). Confusion of tongues between adults and the child. International Journal of Psycho-Analysis, 30, 225-230. (Trabajo original presentado en 1933).
  • Fonagy, P., Gergely, G., Jurist, E. L., y Target, M. (2002). Affect regulation, mentalization, and the development of the self. Other Press.
  • Freyd, J. J. (1996). Betrayal trauma: The logic of forgetting childhood abuse. Harvard University Press.
  • Herman, J. L. (1992). Complex PTSD: A syndrome in survivors of prolonged and repeated trauma. Journal of Traumatic Stress, 5(3), 377-391. DOI: 10.1002/jts.2490050305
  • Organización Mundial de la Salud. (2019). CIE-11: Clasificación Internacional de Enfermedades para Estadísticas de Mortalidad y Morbilidad. https://icd.who.int/es
  • Schore, A. N. (2003). Affect dysregulation and disorders of the self. W. W. Norton y Company.
  • Van der Kolk, B. A. (2005). Developmental trauma disorder: Toward a rational diagnosis for children with complex trauma histories. Psychiatric Annals, 35(5), 401-408. DOI: 10.3928/00485713-20050501-06
  • Winnicott, D. W. (1965). Ego distortion in terms of true and false self. En The maturational processes and the facilitating environment: Studies in the theory of emotional development (pp. 140-152). Hogarth Press. (Trabajo original de 1960).

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